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¿Dónde invertir en 2026? Claves para estructurar una estrategia sólida en un nuevo ciclo financiero

Dónde invertir en 2026: claves para estructurar una estrategia sólida para tu empresa en un nuevo ciclo financiero.

Por Edgard Zárate
Broker y asesor en inversiones internacionales – Grupo Fuentes

Durante los últimos meses, una pregunta se repite con creciente frecuencia entre inversionistas y empresarios: “Con los cambios y tensiones globales actuales, ¿dónde conviene invertir de cara al 2026?”
La inquietud es comprensible. El año 2026 llega después de uno de los periodos más intensos, disruptivos y pedagógicos que ha atravesado el sistema financiero global en décadas.

Entre 2022 y 2025, los mercados ofrecieron una lección clara: los extremos quedaron atrás, pero la comodidad financiera previa a la pandemia no ha regresado. En este nuevo escenario, invertir ya no es apostar, sino estructurar con criterio.

Un repaso necesario: qué nos dejó el ciclo 2022–2025

El punto de partida para tomar buenas decisiones en 2026 es entender el recorrido reciente.

2022 fue el año del ajuste abrupto. La inflación obligó a los principales bancos centrales a subir tasas de interés a niveles no vistos desde los años ochenta. El impacto fue contundente: los principales índices bursátiles globales cayeron cerca de 18%, mientras que los bonos soberanos comenzaron a competir directamente con las acciones, atrayendo capital hacia la renta fija.

2023 y 2024, en cambio, marcaron una recuperación acelerada. La corrección inflacionaria permitió fuertes repuntes en los mercados accionarios, con retornos superiores al 25% en dos años consecutivos en Estados Unidos, algo estadísticamente poco frecuente. Esta recuperación dejó otro mensaje clave: las valoraciones subieron y el margen de error se redujo.

2025 trajo un nuevo giro. El inicio de recortes de tasas, la fuerte corrección del dólar (con una caída cercana al 10%) y una mayor selectividad en los mercados marcaron el cierre del ciclo. Ya no subía todo: solo lo que tenía fundamentos sólidos.

El escenario macroeconómico hacia 2026

Las proyecciones para 2026 convergen en un diagnóstico prudente:

  • Crecimiento global moderado, cercano al 3%.
  • Inflación más controlada, tanto en Europa como en Estados Unidos.
  • Tasas de interés más bajas que en el pico, pero estructuralmente más altas que en la década previa.

En otras palabras, la economía seguirá creciendo, pero el dinero tendrá un costo relevante. No es un entorno para apuestas agresivas ni para refugiarse exclusivamente en efectivo.

La estrategia para un horizonte de 3 a 7 años

Para inversionistas con un horizonte de mediano plazo, el 2026 exige una estrategia balanceada, coherente con lo aprendido en el ciclo reciente.

La base del portafolio debería combinar:

  • Mayor protagonismo de la renta fija.
  • Renta variable selectiva.
  • Gestión explícita del riesgo cambiario.

Renta fija: de defensiva a pilar del portafolio

En 2026, la renta fija deja de ser un simple refugio para convertirse en un generador real de ingresos y el principal estabilizador del portafolio.

La recomendación es asignar entre 40% y 50%, priorizando:

  • Bonos soberanos y corporativos de alta calidad crediticia.
  • Fondos o ETFs grado de inversión.
  • Plazos cortos e intermedios, con vencimientos escalonados.

Evitar concentraciones excesivas en bonos largos o en instrumentos de alto rendimiento sin una adecuada compensación de riesgo.

Renta variable: selectividad y disciplina

La renta variable sigue siendo necesaria, pero con expectativas realistas. Una asignación de 35% a 45% resulta razonable, distribuida entre mercados desarrollados y emergentes bien diversificados.

El enfoque debe estar en:

  • Empresas con flujos de caja sólidos y balances sanos.
  • Fondos amplios y diversificados.
  • Evitar concentraciones emocionales o sectoriales.

Después de dos años excepcionalmente buenos, es poco probable que los retornos se repitan con la misma intensidad.

Moneda: una variable que ya no se puede ignorar

La caída del dólar en 2025 dejó una lección clara: el riesgo cambiario importa. Una diversificación razonable sería:

  • 50% a 70% del portafolio en dólares o activos dolarizados.
  • 30% a 50% en moneda local, según las necesidades futuras del inversionista.

Los datos recientes y las proyecciones convergen en un mensaje contundente: el ciclo financiero ha madurado. En este entorno, el inversionista que busque proteger y hacer crecer su capital no debe perseguir el próximo activo “estrella”, sino construir una estrategia coherente, diversificada y sustentada.

Invertir en 2026 será, más que nunca, un ejercicio de disciplina, estructura y claridad. Esa no solo es la recomendación más sensata; es también la más valiosa.

Invertir con criterio requiere información, estructura y acompañamiento especializado. Para conocer más sobre nuestro enfoque en asesoría legal y estrategia empresarial, visita www.ef-legal.com y www.grupo-fuentes.com.